La hija menor del dueño de la feria ambulante, Yajaira, la sensual morena
de ojos aceitunados, melena ondulada abajo de la cintura, cadera prolongada,
cintura pequeña, lunares en los hombros, manos suaves y
piernas largas que al moverse danzaban ágilmente como cuando un viento
ligero sopla sobre una nuca y eriza todos los poros de la piel, debutaba como
adivina esa noche.En una de las esquinas de la calle principal, la que estaba frente al templo,
Yajaira clavó su mirada de entre la multitud en un joven de ropas sucias y aspecto
cansado. Él se quitó su sombrero de palma para ver mejor a la adivina,
secó el sudor de su frente y suspiró. Yajaira no movió ni un dedo, ni siquiera
giró su cabeza; solo sus bellos ojos aceitunados viraron hasta que el joven
salió de su campo visual.
de ojos aceitunados, melena ondulada abajo de la cintura, cadera prolongada,
cintura pequeña, lunares en los hombros, manos suaves y
piernas largas que al moverse danzaban ágilmente como cuando un viento
ligero sopla sobre una nuca y eriza todos los poros de la piel, debutaba como
adivina esa noche.En una de las esquinas de la calle principal, la que estaba frente al templo,
Yajaira clavó su mirada de entre la multitud en un joven de ropas sucias y aspecto
cansado. Él se quitó su sombrero de palma para ver mejor a la adivina,
secó el sudor de su frente y suspiró. Yajaira no movió ni un dedo, ni siquiera
giró su cabeza; solo sus bellos ojos aceitunados viraron hasta que el joven
salió de su campo visual.