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    El Regreso (Spanish Edition)

    Por Rosa María García Palacio

    Sobre

    "Prologo"

    Muchas veces la vi sentada en uno de los bancos del patio del internado.
    Y siempre estaba sola.
    Me quedaba un ratito observándola a través de los torneados barrotes del portón de la entrada. Las demás niñas jugaban, chillaban y se manchaban el uniforme correteando por el patio, pero ella siempre estaba allí jugando con los rizos de su negra melena o tirada en el suelo haciendo dibujitos con sus diminutas manitas en la arena.
    Aquel día, como en tantas ocasiones, había bajado a San Pedro en el autobús escolar con mis nietos, quería visitar a Pascuala, una vieja amiga del pueblo que desde hacía un tiempo estaba ingresada en la residencia porque a veces se desorientaba y ya no podía estar sola en casa. Iba mucho a visitarla, ella no tenía familia y a mí desde que Alicia comenzó el bachiller me sobraba el tiempo, pero las monjas del asilo no me permitieron quedarme más que un ratito.
    Cuando bajaba a San Pedro me quedaba a comer en casa de Flora, otra de mis amigas del pueblo, ella se había casado allí y, como yo, era viuda hacia ya muchos años; comíamos y pasábamos la tarde recordando mejores tiempos; a las cinco me volvía en el autobús con mis niños al pueblo. Su casa estaba frente al Internado y al pasar por la verja la volví a ver.
    Estaba triste, algo la había pasado porque jugaba con la arena y de vez en cuando se secaba las lágrimas de su cara con sus pequeñas manitas sucias de barro.
    ¡Me dio tanta lástima!
    Como aun era temprano entré a preguntar a la Madre Superiora y me enteré que se llamaba Amalia y que siempre había estado bajo su tutela porque no tenía familia.
    Al salir del despacho de la directora la niña continuaba allí y yo me senté junto a ella.
    Le dije “Me llamo María, pero si quieres puedes llamarme abuela”.
    Durante años volví.
    Primero porque me daba pena. Luego era ella la que calmaba mi dolor, Alicia se había marchado.


    Veinte años después, 2012. Una tormenta de nieve, una mujer, un perro y un hombre.
    Un monasterio abandonado, un crimen.
    El pasado no está olvidado.
    Vuelve.

    Santa Cruz no es real, pero podría serlo.
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