Conocido por servir de teatro a la multitudinaria cena con la que se clausura la universalmente conocida entrega de los galardones: PRÍNCIPE DE ASTURIAS, el resplandeciente Hotel de la Reconquista fue, no hace mucho tiempo, un Hospicio en el que centenares de niños y niñas (abandonados por múltiples razones, justificadas o no) trataban de sobrevivir a la sobrecarga de dolor que aplastaba su incipiente edad.
El presente relato sigue el camino iniciático de uno de aquellos desdichados, desde su llegada al pueblecito de montaña Bustiello, en donde, durante cinco años, conoció con la pobreza más honda la felicidad más perfecta, hasta que la generosa mano del hado se manifestó, abriéndole las puertas del Hospicio de Oviedo, en donde permaneció ocho años y medio, bajo el degradante número 63.
Entre sus cuatro muros permaneció el tiempo necesario para familiarizarse con toda suerte de tragedias, vejaciones y dramas.
Felizmente, mientras el sórdido edificio se metamorfoseaba en resplandeciente Hotel, José Ramón confiaba su destino al hado, seguro que hallaría la redención en el exilio.
Como el emblemático edifico, José logró cambiar de nombre, de fachada y de destino.
¡No todos los inquilinos de la hermosa Residencia Provincial de Niños de Oviedo gozaron de su suerte!
El presente relato sigue el camino iniciático de uno de aquellos desdichados, desde su llegada al pueblecito de montaña Bustiello, en donde, durante cinco años, conoció con la pobreza más honda la felicidad más perfecta, hasta que la generosa mano del hado se manifestó, abriéndole las puertas del Hospicio de Oviedo, en donde permaneció ocho años y medio, bajo el degradante número 63.
Entre sus cuatro muros permaneció el tiempo necesario para familiarizarse con toda suerte de tragedias, vejaciones y dramas.
Felizmente, mientras el sórdido edificio se metamorfoseaba en resplandeciente Hotel, José Ramón confiaba su destino al hado, seguro que hallaría la redención en el exilio.
Como el emblemático edifico, José logró cambiar de nombre, de fachada y de destino.
¡No todos los inquilinos de la hermosa Residencia Provincial de Niños de Oviedo gozaron de su suerte!