Argentina en el Bicentenario – Un país preconstitucional
Pocos países han generado tanta incertidumbre durante el siglo XX como la Argentina.
En 1810, Buenos Aires era la capital del último Virreynato español, creado en 1776 con la función de contrarrestar la expansión portuguesa en el Río de la Plata. Su jurisdicción abarcaba el actual territorio argentino, Uruguay, Paraguay, Bolivia y parte del Brasil.
El proceso emancipador construyó en ese enorme territorio distintos vástagos, que comenzaron su vida independiente en forma casi simultánea.
Un siglo después de su revolución independentista, la Argentina descollaba en la región. Era renombrada por sus éxitos económicos y por su notable transformación educativa y política. Actuaba como un imán de inmigrantes, al punto de inspirar a uno de sus estadistas, Belisario Roldán, a expresar a comienzos del siglo XX que su país, junto a Chile, conformaban el “contrapeso meridional del Continente”.
Veinte años después del Centenario, la tormenta del mundo llegaba a la Argentina como un vendaval que destruyó instituciones y comenzó su tarea de hacer crecer la intolerancia en su vida política y social.
Al llegar al segundo centenario, la Argentina ofrecía un balance exactamente inverso al de su primer centuria. Su producto “por habitante” se mantenía aproximadamente en los mismos niveles que a comienzos del siglo XX, mientras que su entorno regional había ya alcanzado su desarrollo y algunos países claramente la superaban.
Hay muchos intentos de explicar el fracaso. Esta obra pretende demostrar que todas ellas tienen una causa básica: el retroceso a un estadio preconstitucional.
Pocos países han generado tanta incertidumbre durante el siglo XX como la Argentina.
En 1810, Buenos Aires era la capital del último Virreynato español, creado en 1776 con la función de contrarrestar la expansión portuguesa en el Río de la Plata. Su jurisdicción abarcaba el actual territorio argentino, Uruguay, Paraguay, Bolivia y parte del Brasil.
El proceso emancipador construyó en ese enorme territorio distintos vástagos, que comenzaron su vida independiente en forma casi simultánea.
Un siglo después de su revolución independentista, la Argentina descollaba en la región. Era renombrada por sus éxitos económicos y por su notable transformación educativa y política. Actuaba como un imán de inmigrantes, al punto de inspirar a uno de sus estadistas, Belisario Roldán, a expresar a comienzos del siglo XX que su país, junto a Chile, conformaban el “contrapeso meridional del Continente”.
Veinte años después del Centenario, la tormenta del mundo llegaba a la Argentina como un vendaval que destruyó instituciones y comenzó su tarea de hacer crecer la intolerancia en su vida política y social.
Al llegar al segundo centenario, la Argentina ofrecía un balance exactamente inverso al de su primer centuria. Su producto “por habitante” se mantenía aproximadamente en los mismos niveles que a comienzos del siglo XX, mientras que su entorno regional había ya alcanzado su desarrollo y algunos países claramente la superaban.
Hay muchos intentos de explicar el fracaso. Esta obra pretende demostrar que todas ellas tienen una causa básica: el retroceso a un estadio preconstitucional.