"Que lo sepan: A mí no me pasó como a Gelsomina. Nadie me vendió. La única decisión que tomé en mi vida con plena libertad fue la de unirme al circo, al Circo Iberia"
Fue así como empecé a rodar por España, de las Alpujarras a Manganesos de la Polvorosa, de Tordesillas a Ibi y aun más allá. En esos años, fui miembro nada honorable de una sociedad marginal, ambulante, filosófica, artística y estafadora, dedicada a vagar de pueblo en pueblo para entretener el gusto, el sexo, el intelecto y, sobre todo, el tedio del populacho. Ilustrados y aventureros, los payasos, la mujer barbuda, el fantástico hombre bala, el señor Etxebarria y el vocero fuimos personajes que construimos nuestra identidad tras una máscara permanente hasta alcanzar claves muy peculiares sobre el engaño de la condición humana y su mero espejismo.
Fue así como empecé a rodar por España, de las Alpujarras a Manganesos de la Polvorosa, de Tordesillas a Ibi y aun más allá. En esos años, fui miembro nada honorable de una sociedad marginal, ambulante, filosófica, artística y estafadora, dedicada a vagar de pueblo en pueblo para entretener el gusto, el sexo, el intelecto y, sobre todo, el tedio del populacho. Ilustrados y aventureros, los payasos, la mujer barbuda, el fantástico hombre bala, el señor Etxebarria y el vocero fuimos personajes que construimos nuestra identidad tras una máscara permanente hasta alcanzar claves muy peculiares sobre el engaño de la condición humana y su mero espejismo.