Diario del tren recoge los comportamientos de pasajeros cotidianos, anónimos pero reales, y los involucra en una historia redentora envuelta de misterio.
En ocasiones irreverente, en otras, políticamente incorrecta, salpicada de violencia y de un erotismo visual abrumador, “Diario del tren” es, en todo momento, un ejercicio de creatividad literaria refrescante y liberador. La poesía visual de “Diario del tren” es una propuesta terapéutica doble: embellece lo cotidiano y empatiza con la molesta experiencia que a veces supone compartir el espacio reducido de un vagón de tren. Por ello, es una lectura muy recomendable para personas que sean usuarias cotidianas del transporte público, sea tren, metro o autobús, y para aquellas a las que les guste saborear las palabras al leer.
En ocasiones irreverente, en otras, políticamente incorrecta, salpicada de violencia y de un erotismo visual abrumador, “Diario del tren” es, en todo momento, un ejercicio de creatividad literaria refrescante y liberador. La poesía visual de “Diario del tren” es una propuesta terapéutica doble: embellece lo cotidiano y empatiza con la molesta experiencia que a veces supone compartir el espacio reducido de un vagón de tren. Por ello, es una lectura muy recomendable para personas que sean usuarias cotidianas del transporte público, sea tren, metro o autobús, y para aquellas a las que les guste saborear las palabras al leer.