Ya sobre el fin de los diálogos con Silvina Ocampo, hay en mí una fuerte resistencia a su clausura. Quizá el deseo es que este libro se constituya en un libro infinito, una suerte de “libro de arena” que el lector pueda abrir sin encontrarle un principio o un fin, en la medida en que lo armé como una travesía que la entrevistada y yo emprendimos para aventurarnos en zonas que eran de nuestro interés. Las relaciones existentes entre la lengua, el habla y la escritura, la traducción, la plástica, el teatro, la música, reaparecen en diversos momentos y en cualquier página se asiste a una modulación constante del saber de Silvina Ocampo, pretexto acaso para el que ignora sus textos.
Noemí Ulla, 1982
Noemí Ulla, 1982