Luego del Traspaso de Mando Presidencial ocurrido, como bien sabemos, el 28 de junio de 2009, Honduras se ha convertido, de la noche a la mañana, en el centro de atención del mundo entero. El cambio repentino de mandatario hizo estallar de alegría a millones, pero, por otro lado, rabiar —de impotencia y frustración— a otra buena cantidad. A partir de allí, surge el movimiento guerrillero liderado por el Consejo Revolucionario Secreto, CRS, quienes, a punta de balas —y siguiendo tesis como “la acumulación de fuerzas”, “provocación de la crisis y prolongación del conflicto”, “la no negociación”, la “guerra revolucionaria del pueblo” y la guerra popular prolongada”—, intentan reconquistar el poder.
Esta novela política, no apta para menores de edad y crónicos cardiacos, propia para leerla acompañado de su pareja, basada en posibles hechos futuros —fecundados en la mente del autor—, Berríos revela de forma sorprendente el sentimiento de insatisfacción y creencia en el uso de la fuerza de una enorme cantidad de compatriotas. El autor interpreta hechos, circunstancias y también el sentimiento colectivo, es decir, pergeña en su mente ciertos escenarios futuros. A él le conmueve el sentimiento popular, por ello se deja arrastrar por las turbas del pensamiento de dos bandos de blogueros, Tarquino Valiente, por un lado y, por otro, Aminadán Larraza, ambos librando una lucha secreta, absurda. Entre ellos, como si de una película literaria se tratara, la trama irracional de los apasionamientos ideológicos hace correr la sangre, hasta llevar al país al caos total. En esas pasiones desencadenadas a través del mundo virtual, Larraza conoce el pasado de Sady Pinto, con quien sostiene una relación extraña, de pasión y desconfianza. Mientras la violencia se extiende a lo largo y ancho del país, Basir, Mifah y Tancredo, empresarios de renombre, meten leña al fuego. La pugna entre el expresidente y el Mandatario azul adornan la historia entre las manos ensangrentadas de Goyete y otras bandas de criminales.
Angustiado por los eventos futuros, el novelista detalla y reconstruye —como un arquitecto del destino de un pueblo— los escenarios posibles donde se incuba y desarrolla la violencia, implantada por grupos disociadores de derecha y la guerrilla organizada de izquierda, como armas de amedrentamiento social, castigo, venganza y medio de saciar sus ansias de poder.
Mario Berríos, ante el inminente desangramiento de la sociedad, despliega la alfombra oscura bajo la cual el Presidente escapa a varios atentados, viéndose en la urgente necesidad de abandonar la capital para salvar el gobierno. Bajo el auspicio de tres personajes, ya conocidos por los lectores (de la obra ¡NOS ATACAN, SEÑOR PRESIDENTE!), el coronel Factor Militar, el general Oso y el coronel Dager, el Presidente, una madrugada bajo un fuerte operativo militar abandona la ciudad para establecerse en otra localidad.
El literato describe y explaya su tesis sobre el ambiente subversivo y su desarrollo. En la obra, el terrorismo incipiente golpea inicialmente a la moral de una nación, distrae a las fuerzas armadas, entretiene a las fuerzas policiales, desgasta al gobierno, ahuyenta la inversión, mete miedo y, en general, tranca el funcionamiento y la producción del país. Poco a poco, estas acciones, primeramente públicas, se vuelven selectivas, luego avanzan progresivamente hacia la descomposición: la guerra armada y el terrorismo.
A lo lejos y, sin entrar en detalles, pareciera que las complicaciones políticas y sociales narradas provienen de una simple agitación demagógica, pero no, al ponerlas bajo la lupa nos percatamos de que, en la situación revolucionaria armada, la mayoría de los eventos son sustentados, provocados y exaltados desde el extranjero para plasmar consignas precisas.
Las fuentes de la insurrección armada o sus motivaciones son diversas. Mario Berríos hace un excelente recuento de ese proceso.