El cortoplacismo tiene raíces ideológicas y culturales. Es un fenómeno que abreva en los valores de la cultura posmoderna y en las ideas populistas. La simbiosis entre el populismo y la posmodernidad han sacrificado el futuro en el altar de un eterno presente. El populismo posmoderno atraviesa transversalmente todo el arco político y ha ganado consenso social por derecha y por izquierda. Muchos de los problemas del mundo global son consecuencia de la incapacidad del sistema de establecer transacciones entre las demandas del presente y las necesidades de un futuro posible. La suma de tanto corto plazo bajo liderazgos oportunistas rehenes del presente ha precipitado una crisis de consecuencias inciertas. El futuro empieza a pasarle la factura al presente con consecuencias en el aquí y el ahora de cada uno de nosotros. El autor sostiene que la crisis mundial, es una crisis de las políticas prohijadas por el matrimonio entre el populismo y la posmodernidad. La solución a esta crisis presupone, por lo tanto, un replanteo de la plataforma ideológica y valorativa que hoy guía la toma de decisiones en el país y en el mundo global. La alternativa al populismo posmoderno debe provenir de liderazgos y políticas modernas y progresistas. El “nuevo progresismo moderno” debe asumir los problemas generados por la crisis posmoderna y plantear soluciones que reconcilien las urgencias del presente con las imposiciones de un futuro que ya no se puede ignorar. El desafío es acordar políticas, metas, y planes de largo plazo.
Para el autor, vuelve el turno de los estadistas, a quienes define como militantes de la “contracultura de lo efímero”, dispuestos a “descontar el futuro a tasas bajas” para que el futuro tenga valor presente. Montamat prevé una nueva divisoria de aguas en materia política, por lo menos hasta que vuelvan a predominar los valores de la razón moderna donde se forjaron los estereotipos de derecha e izquierda. La diferencia la establece ahora la ponderación del futuro. Los progresistas modernos son los rescatan el valor de los consensos y las políticas de largo plazo; los populistas posmodernos privilegian las políticas de corto plazo y los compromisos que cristalizan el statu quo del presente.
Para el autor, vuelve el turno de los estadistas, a quienes define como militantes de la “contracultura de lo efímero”, dispuestos a “descontar el futuro a tasas bajas” para que el futuro tenga valor presente. Montamat prevé una nueva divisoria de aguas en materia política, por lo menos hasta que vuelvan a predominar los valores de la razón moderna donde se forjaron los estereotipos de derecha e izquierda. La diferencia la establece ahora la ponderación del futuro. Los progresistas modernos son los rescatan el valor de los consensos y las políticas de largo plazo; los populistas posmodernos privilegian las políticas de corto plazo y los compromisos que cristalizan el statu quo del presente.