El afamado arquitecto Miguel Reglado sufre un accidente de carretera el que mueren su esposa y un motorista. La súbita irrupción de un Land Rover en su camino le obligó a desviarse justo cuando, en sentido contrario, llegaba una moto en vuelo rasante. La ausencia de testigos, la fuga del Land Rover, la negligencia administrativa, la desidia judicial y la vileza de los abogados de la acusación particular, unido todo ello al inexplicable resultado de la prueba de alcoholemia, le responsabilizan a él de las dos muertes por ser el único implicado vivo que no se esconde.
A pesar del debido asesoramiento legal, la infructuosa búsqueda del vehículo culpable o de testigos que acrediten su irrupción inclinan la cegada balanza de la justicia en contra del arquitecto y le condenan a cuatro años de cárcel.
Miguel, elitista, petulante, retorcido en cuestiones estéticas y extremadamente consecuente, considera la arbitraria sentencia una alianza entre el azar, la pérfida estupidez y la torpeza judicial.
La ratificación del veredicto cae sobre el decaimiento emocional que el protagonista está sufriendo por la ausencia de su esposa y le deja tan desconcertado que llega a plantearse si merece la pena seguir viviendo en un mundo donde los responsables de distribuir justicia desprecian la verdad con tanta indolencia.
Poco antes de someterse a la orden de ingreso, la sagacidad de unos actores expertos en el arte del camuflaje, le estimula a buscar al culpable de su desgracia empujándole a una enmarañada aventura. Un periplo en el que va a conocer personajes de curiosa ralea, entre los que hallará la felicidad, le ayudarán a reconciliarse con su propia realidad y le propiciarán un atajo hacia una vida sosegadamente plácida
A pesar del debido asesoramiento legal, la infructuosa búsqueda del vehículo culpable o de testigos que acrediten su irrupción inclinan la cegada balanza de la justicia en contra del arquitecto y le condenan a cuatro años de cárcel.
Miguel, elitista, petulante, retorcido en cuestiones estéticas y extremadamente consecuente, considera la arbitraria sentencia una alianza entre el azar, la pérfida estupidez y la torpeza judicial.
La ratificación del veredicto cae sobre el decaimiento emocional que el protagonista está sufriendo por la ausencia de su esposa y le deja tan desconcertado que llega a plantearse si merece la pena seguir viviendo en un mundo donde los responsables de distribuir justicia desprecian la verdad con tanta indolencia.
Poco antes de someterse a la orden de ingreso, la sagacidad de unos actores expertos en el arte del camuflaje, le estimula a buscar al culpable de su desgracia empujándole a una enmarañada aventura. Un periplo en el que va a conocer personajes de curiosa ralea, entre los que hallará la felicidad, le ayudarán a reconciliarse con su propia realidad y le propiciarán un atajo hacia una vida sosegadamente plácida