Nací el 17 de noviembre de 1992 con error de fábrica. Por él me vistieron de azul hasta obtener la altura para alcanzar las perchas. A los diez, después de que me obligaran a usar uno, empecé a jugar con los vestidos de mis hermanas. Pensé que me veía mejor en ellos que en pantalón, por lo que me colaba en su habitación cuando iban al ballet.
Instalé una campana sobre la puerta principal para cuidarme las espaldas. No le dieron importancia porque pensaron que se trataba de mí y de la vecina haciendo arte a escondidas. Ya saben que no.
Mi sonrisa al verme en el espejo valía la adrenalina.
Fue entonces cuando le comencé a perder el miedo a causar la infelicidad ajena a costa mi felicidad. Esa fue mi liberación.
Instalé una campana sobre la puerta principal para cuidarme las espaldas. No le dieron importancia porque pensaron que se trataba de mí y de la vecina haciendo arte a escondidas. Ya saben que no.
Mi sonrisa al verme en el espejo valía la adrenalina.
Fue entonces cuando le comencé a perder el miedo a causar la infelicidad ajena a costa mi felicidad. Esa fue mi liberación.