Los Atabán son una de las tribus Silao. El nombre de los Silao significa “los que aman las sendas infinitas que se pueden recorrer sobre la tierra”. En primavera siguen a los ciervos en su migración al norte, y es cuando son más felices.
Los protagonistas de la historia son Garún e Hirten, hijos gemelos del jefe de la tribu Atabán; Silagüa, una muchacha pelirroja de la misma tribu, a la que se atribuyen poderes mágicos; y Hesguerin un niño esclavo huido, al que Garún toma bajo su protección.
Las tribus Silao se enfrentaban por la tierra y la caza, hasta que se firmó la paz de Sauhivián, el prado sagrado. Desde entonces los Silao se reúnen en primavera, celebran bailes y juegos, y se intercambian canciones. En Sauhivián el consejo de ancianos dirime los conflictos entre las tribus.
Los Atabán forman la tribu errante, la que siempre pierde su tierra y su nombre, la que se parte en dos. Los Atabán han sido forzados por el resto de los Silao, a habitar en un extremo de su territorio donde quedan aislados en invierno. La desgracia acompaña al primogénito del jefe Atabán, que muere solo y enloquecido, mientras sus familiares se enfrentan por el poder.
Una canción casi olvidada narra como el hijo del jefe Atabán, mató por celos a un adolescente protegido por la luna. Por ese crimen Eshilia su amante, expulsó a los Atabán de su tierra y los maldijo.
Este invierno el miedo se cierne sobre los Atabán. Apenas nacen niños en el valle, y ninguno varón. Hirten ha sido escogido como líder por su padre, desde entonces él y su gemelo se odian. En la aldea se mira con suspicacia a las mujeres de pelo rojo, culpándolas de la escasez de nacimientos.
Tras la fiesta de la primavera con la que se inicia la migración, los gemelos y Silagüa se ven forzados a abandonar el valle, y emprender un viaje en el que se enfrentan a su destino.
Los protagonistas de la historia son Garún e Hirten, hijos gemelos del jefe de la tribu Atabán; Silagüa, una muchacha pelirroja de la misma tribu, a la que se atribuyen poderes mágicos; y Hesguerin un niño esclavo huido, al que Garún toma bajo su protección.
Las tribus Silao se enfrentaban por la tierra y la caza, hasta que se firmó la paz de Sauhivián, el prado sagrado. Desde entonces los Silao se reúnen en primavera, celebran bailes y juegos, y se intercambian canciones. En Sauhivián el consejo de ancianos dirime los conflictos entre las tribus.
Los Atabán forman la tribu errante, la que siempre pierde su tierra y su nombre, la que se parte en dos. Los Atabán han sido forzados por el resto de los Silao, a habitar en un extremo de su territorio donde quedan aislados en invierno. La desgracia acompaña al primogénito del jefe Atabán, que muere solo y enloquecido, mientras sus familiares se enfrentan por el poder.
Una canción casi olvidada narra como el hijo del jefe Atabán, mató por celos a un adolescente protegido por la luna. Por ese crimen Eshilia su amante, expulsó a los Atabán de su tierra y los maldijo.
Este invierno el miedo se cierne sobre los Atabán. Apenas nacen niños en el valle, y ninguno varón. Hirten ha sido escogido como líder por su padre, desde entonces él y su gemelo se odian. En la aldea se mira con suspicacia a las mujeres de pelo rojo, culpándolas de la escasez de nacimientos.
Tras la fiesta de la primavera con la que se inicia la migración, los gemelos y Silagüa se ven forzados a abandonar el valle, y emprender un viaje en el que se enfrentan a su destino.