“LLUVIA SOBRE MOJADO” es la traducción al castellano de la novela “PLUJA SOBRE TERRA MOLLA” ganadora del XXXI PREMIO DE NARRATIVA RIBERA D’EBRE. Traducción a cargo de MARIA CARME POBLET, autora de la novela.
Una bella y secreta historia de amor entre un joven brigadista belga y una joven catalana, en medio de una fraticida y cruel guerra. Y de trasfondo una gran historia de amistad, generosidad, lealtad… Todo este descubrimiento, ayudará a Neus, la protagonista de la novela, a confraternizar con su yo más profundo. Tomar una nueva conciencia de ser. Abrir sin miedo su corazón…
“Poco a poco, nuestros paseos se fueron alargando. Siguiendo por un camino, más arriba de la Masía d’en Segués y de la Granja, al otro lado del castillo de Riudabella, llegamos a un rincón donde sólo se respiraba paz; parecía que la maldad de aquella guerra hubiera pasado de largo. Había un riachuelo de agua transparente que dejaba a la vista una larga alfombra de piedras de diferentes tonos de gris y beige. El canto de los pájaros y el ruido del agua que avanzaba imperturbable cerro abajo, comulgaban en perfecta unión con nuestros cuerpos. Aquel lugar fue testigo de nuestro amor. Allí, cada día me entregaba en cuerpo y alma a aquel hombre joven, que un día, como una corriente de aire fresco en medio de un tórrido verano, apareció en mi vida, sembrando dentro de mí una semilla de sentimiento y pasión que día a día crecía vigorosa y sin detenerse. Nuestros cuerpos, medio desnudos, yacían sobre la hierba y se unían entregándose con serenidad y placidez hasta llegar a disfrutar de un inmenso placer físico y espiritual. Recuerdo todavía el gusto y el olor del sudor de su cuerpo. Sus dedos paseándose por el mío en interminables caricias. Su lengua abrazándose a la mía, y sentir como todo su cuerpo penetraba dentro de mí. Recuerdo y también puedo evocar, la música de la naturaleza que nos rodeaba, mezclándose con la enorme plenitud de aquel momento, y como nos prometimos que sólo la muerte nos podría separar físicamente, pero pasara lo que pasara nuestros espíritus caminarían juntos por siempre jamás. Éramos tan jóvenes, y a pesar de todo, sabíamos que aquellos momentos vividos, junto con todos nuestros sueños y anhelos, serían inexorablemente tragados por la propia vida... Ya lo decía el poeta:
“Todo pasa y todo queda...”
Una bella y secreta historia de amor entre un joven brigadista belga y una joven catalana, en medio de una fraticida y cruel guerra. Y de trasfondo una gran historia de amistad, generosidad, lealtad… Todo este descubrimiento, ayudará a Neus, la protagonista de la novela, a confraternizar con su yo más profundo. Tomar una nueva conciencia de ser. Abrir sin miedo su corazón…
“Poco a poco, nuestros paseos se fueron alargando. Siguiendo por un camino, más arriba de la Masía d’en Segués y de la Granja, al otro lado del castillo de Riudabella, llegamos a un rincón donde sólo se respiraba paz; parecía que la maldad de aquella guerra hubiera pasado de largo. Había un riachuelo de agua transparente que dejaba a la vista una larga alfombra de piedras de diferentes tonos de gris y beige. El canto de los pájaros y el ruido del agua que avanzaba imperturbable cerro abajo, comulgaban en perfecta unión con nuestros cuerpos. Aquel lugar fue testigo de nuestro amor. Allí, cada día me entregaba en cuerpo y alma a aquel hombre joven, que un día, como una corriente de aire fresco en medio de un tórrido verano, apareció en mi vida, sembrando dentro de mí una semilla de sentimiento y pasión que día a día crecía vigorosa y sin detenerse. Nuestros cuerpos, medio desnudos, yacían sobre la hierba y se unían entregándose con serenidad y placidez hasta llegar a disfrutar de un inmenso placer físico y espiritual. Recuerdo todavía el gusto y el olor del sudor de su cuerpo. Sus dedos paseándose por el mío en interminables caricias. Su lengua abrazándose a la mía, y sentir como todo su cuerpo penetraba dentro de mí. Recuerdo y también puedo evocar, la música de la naturaleza que nos rodeaba, mezclándose con la enorme plenitud de aquel momento, y como nos prometimos que sólo la muerte nos podría separar físicamente, pero pasara lo que pasara nuestros espíritus caminarían juntos por siempre jamás. Éramos tan jóvenes, y a pesar de todo, sabíamos que aquellos momentos vividos, junto con todos nuestros sueños y anhelos, serían inexorablemente tragados por la propia vida... Ya lo decía el poeta:
“Todo pasa y todo queda...”