Si algo seguro tiene la paternidad es que uno, en el preciso momento de ingresar a ella, recibe un carnet de socio a una cofradía secreta. En el momento en que el obstetra te mira y con cara de lástima y compasión (a veces esa mirada puede confundirse con una de admiración y emoción, pero sólo es una farsa) y te dice: “lo felicito, este es su hijo”, te hace ingresar al selecto círculo de “Los Padres”.
Una de las reglas principales de este círculo es el no divulgar jamás la verdad a los no socios. Se debe esconder cada detalle escabroso para sí mismo, regalando simplemente las anécdotas risueñas y divertidas de esta profesión.
Sin lugar a dudas es el trabajo más agotador al que pueda enfrentarse un ser humano. Pero cada momento invertido, cada esfuerzo sobrehumano, cada gota de sudor ganado, cada segundo de sueño perdido vuelve en forma de gratificación. Nada, pero nada, puede compararse con esto.
La paternidad es el mejor trabajo del mundo, y en este libro intento explicar el porqué.
Una de las reglas principales de este círculo es el no divulgar jamás la verdad a los no socios. Se debe esconder cada detalle escabroso para sí mismo, regalando simplemente las anécdotas risueñas y divertidas de esta profesión.
Sin lugar a dudas es el trabajo más agotador al que pueda enfrentarse un ser humano. Pero cada momento invertido, cada esfuerzo sobrehumano, cada gota de sudor ganado, cada segundo de sueño perdido vuelve en forma de gratificación. Nada, pero nada, puede compararse con esto.
La paternidad es el mejor trabajo del mundo, y en este libro intento explicar el porqué.