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    saetas de Liberacion (Spanish Edition)

    Por Pedro Montoya

    Sobre

    LAS PRÁCTICAS PAGANAS DE LOS PUEBLOS
    ‎ El problema de fondo que vez tras vez nos presenta el Antiguo Testamento, en torno de la relación de ‎Israel con su Dios, es la constante caída del pueblo en las prácticas paganas de los pueblos vecinos. Habían ‎sido advertidos desde que salieron de Egipto, les fue promulgado en los diez mandamientos, y se les dictó ‎leyes que prescribían tales prácticas; inclusive se les describió sobre las consecuencias que ello traería si iban ‎en pos de otros dioses, tal práctica –se les dijo– sería considerado como un acto de fornicación, porque Dios ‎consideraba la relación con este pueblo como un pacto matrimonial.‎
    ‎ Sin embargo, el pueblo de Israel no lo entendió, y al introducir los dioses de los territorios paganos, sus ‎cultos y su religión proscrita, contaminaron la heredad y desvirtuaron el Reino convirtiéndolo en un reino ‎común, este fue el reproche declarado por Dios que una y otra vez resuena entre los profetas: ‎
    ‎“Y díjome: Hijo del hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron ‎contra mí: ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. Yo pues te envío ‎a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho el Señor ‎Jehová. Acaso ellos escuchen; y si no escucharen, (porque son una rebelde familia,) siempre ‎conocerán que hubo profeta entre ellos.”[1] ‎
    ‎ Las prácticas de los pueblos paganos fue la razón por la cual se les arrebató a ellos esa tierra para ‎entregarla por heredad al pueblo de Israel. [2] Era la promesa que Dios le había jurado a Abraham que le ‎habría de entregar, era la tierra de sus peregrinaciones, la razón por la cual Abraham había dejado su tierra y ‎su parentela para heredar la tierra que Dios le había prometido a él y su descendencia.‎
    ‎ Dios no podía permitir que el pueblo contaminara nuevamente la tierra, no sólo porque fue la razón de ‎expropiación a los pueblos originales, sino más, porque Abraham había creído a Dios y la había recibido en ‎esperanza: ‎
    ‎“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por ‎heredad; y salió sin saber dónde iba. Por fe habitó en la tierra prometida como en tierra ajena, ‎morando en cabañas con Isaac y Jacob, herederos juntamente de la misma promesa:”[3] ‎
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