En el 1970 llega a África a un lugar paradisíaco , encantador, un rincón del Kivu Norte provincia de la República Democrática del Congo, viaja en compañía de dos jóvenes religiosos misioneros, ellos para evangelizar, el con el fin de ayudar en cualquier menester que hiciera falta en alguna de las misiones, me ocupo de la mecánica ,construcción, electricidad, y un sin fin de trabajos sociales y de ayuda humanitaria.
Recupera los albañiles y carpinteros que existían de tiempos de los primeros misioneros y comienza las construcciones, en primer lugar mi taller. Construimos casas, puentes, escuelas, fuentes, dispensarios o puestos de socorro, etc. También con el firme propósito de avanzar con el desarrollo, construyo una mini-central hidroeléctrica financiada en parte por manos unidas, así ésta cambia totalmente la forma de vida y desarrollo de la misión y de los aledaños.
Durante ese tiempo suceden una serie de aventuras. Unas divertidas, otras un tanto dramáticas, que hacen que el libro se lea com mucho más interés e intriga y resulte mucho más apasionante y ameno.
Viendo que pasan los años solo al servicio de los demás, logra encontrar trabajo en Kinshasa, como jefe de un taller de mecánica, donde permanece varios años. Forma un hogar y una família, de ahí pasa a trabajar con una empresa española de instalaciones eléctricas de media y alta tensión, primero como encargado y después como delegado de la misma. En la ciudad subsanamos varios barrios instalando nuevas cabinas y cables subterráneos de media tensión con un presupuesto de más de diez millones de dólares. Estando en esta empresa sucedieron los tristes acontecimientos de persecuciones tribales y repetidos pillajes, obligado a salir varias veces del país para poder salvar y proteger a la familia de tantas tribulaciones. Como mi esposa es de origen ruandés toda la familia residía en Ruanda, afectándonos de lleno la guerra y las masacres del 1994 diezmando la familia en particular y con cerca de un millón de víctimas en general.
Recupera los albañiles y carpinteros que existían de tiempos de los primeros misioneros y comienza las construcciones, en primer lugar mi taller. Construimos casas, puentes, escuelas, fuentes, dispensarios o puestos de socorro, etc. También con el firme propósito de avanzar con el desarrollo, construyo una mini-central hidroeléctrica financiada en parte por manos unidas, así ésta cambia totalmente la forma de vida y desarrollo de la misión y de los aledaños.
Durante ese tiempo suceden una serie de aventuras. Unas divertidas, otras un tanto dramáticas, que hacen que el libro se lea com mucho más interés e intriga y resulte mucho más apasionante y ameno.
Viendo que pasan los años solo al servicio de los demás, logra encontrar trabajo en Kinshasa, como jefe de un taller de mecánica, donde permanece varios años. Forma un hogar y una família, de ahí pasa a trabajar con una empresa española de instalaciones eléctricas de media y alta tensión, primero como encargado y después como delegado de la misma. En la ciudad subsanamos varios barrios instalando nuevas cabinas y cables subterráneos de media tensión con un presupuesto de más de diez millones de dólares. Estando en esta empresa sucedieron los tristes acontecimientos de persecuciones tribales y repetidos pillajes, obligado a salir varias veces del país para poder salvar y proteger a la familia de tantas tribulaciones. Como mi esposa es de origen ruandés toda la familia residía en Ruanda, afectándonos de lleno la guerra y las masacres del 1994 diezmando la familia en particular y con cerca de un millón de víctimas en general.